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La picadora de carne




Soy responsable de enviar carne a la picadora.


Cada mes varias personas me piden que les prepare para volver a tomar contacto con sus afiladas cuchillas. A unos les han echado y necesitan entrar, otros se toman un tiempo para restablecerse de sus heridas o desean probar suerte como becarios, aprendices, junior.


Sé que no es un destino agradable, necesario sí, pero no agradable y menos ahora cuando ha desaparecido la esperanza y ni las empresas respetan a sus trabajadores, ni estos respetan a las empresas en las que trabajan. Las empresas ya no luchan por ganarse la admiración con la que los trabajadores se acercaban a ellas. Ya no son el espacio en el que se aprende a vivir a trabajar. Basta con sobrevivir a duras penas.


Merecida o inmerecidamente han perdido su valor principal. Sus bellos cantos de sirenas ya no convencen a nadie.


Se han convertido en picadoras de carne.


Por eso me esfuerzo en prepararlos estupendamente. Es mi obligación.


Les muestro los acantilados que han de sortear y les pido que sean ellos mismos, se reafirmen en su talento, no mientan y no se dejen engañar.


Con esto es más que suficiente para entrar en la picadora.





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