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Si estás perdido, el verano es el mejor momento para encontrarte.






Hay acontecimientos en la vida que nos confunden y nos dejan indefensos ante una realidad que no entendemos. La realidad es mucho más difícil de entender de lo que nos imaginamos.

Son sucesos inesperados, hechos que nos sorprenden tanto que nos dejan con la boca abierta.

No me refiero a una imagen chocante, me refiero a una patada en la boca del estomago:

  • Algo de lo que estás convencido, en lo que llevas trabajando tiempo y al final no sucede como tenías previsto (unas elecciones que has perdido, una oferta de trabajo que nunca llega a término),

  • Una conversación que te toma por sorpresa (una carta de despido, de divorcio, de aceptación, un impagado)

  • Una promesa que se alarga en el tiempo y nunca se cumple (una promoción que nunca llega, un sí que se aplaza eternamente)

  • Una decisión equivocada o forzada (una mala inversión, una infidelidad), etc.

Observa tu contexto, las personas de tu círculo más próximo, tu familia, amigos y amigachos... Párate, como si caminaras por la Gran Vía y decidieras quedarte quieto unos minutos, de pie en medio de la acera. Verás como la gente pasa a tu alrededor y poco a poco aflora una realidad oculta: carteristas, ladrones, timadores, gente perdida... incluso algún buen amigo que no veías desde hace tiempo, un amigo de verdad que el tiempo os separó..

El verano es el mejor momento para pararse, observar y actuar.







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